Oralidad y Lengua escrita
El término "oralidad" se refiere a la comunicación hablada. Walter Ong propone distinguir la oralidad primaria de la secundaria; una es la que se produce en la presencia real de los hablantes y la otra la que se presenta en los medios de comunicación. Michel Chion advierte que las diferencias son sustanciales. Antes de abordarlas, advirtamos que estamos tratando con manifestaciones eminentemente lingüísticas y que las aproximaciones de la Lingüistica más establecida suelen no tomar en cuenta aquellas expresiones de la lengua que no pertenecen al léxico o la morfosintáxis. Esas expresiones suelen reconocerse como elementos paralingüísticos y su estatuto estrictamente lingüístico dependerá de la escuela de pensamiento que las estudie. Se trata de los gestos corporales de los sujetos hablantes y oyentes que acompañan o sustituyen la emisión de oraciones, pero también podemos incluir en el tema de la oralidad a las disposiciones del escenario donde el acto de habla se lleva a cabo, todo lo cual se establece culturalmente, es decir, está codificado con mayor o menor fuerza y menos o más conscientemente.
En todo caso y como siempre, nos encontraremos con la articulación de elementos que provienen de distintas formas de comunicación y con la atención que debemos prestar al canal o soporte de la comunicación, que en el caso de la oralidad primaria es el espacio habitado siempre en tiempo presente por cuerpos humanos y otros objetos.
Oralidad y escritura
Según Goody, las culturas orales son politeístas y animistas, no operan con instituciones demasiado complicadas ni muy estáticas, y las normas de convivencia se dictan a menudo en función de los casos particulares. Pareciera ser, que el descubrimiento de la escritura provocó entre otras cosas, la formación de una clase especial de escribas supeditados al poder real y al mismo tiempo relativamente independientes quienes atendían tres aspectos fundamentales: la situación de los hombres con los poderes divinos y los mitos de fundación; la situación de las posesiones reales, es decir, la administración; y la regulación de la vida en común, es decir, la burocracia y la edición de leyes.
En el caso de la religión, todas las sociedades se enfrentan con los poderes sobrenaturales y los ritos de tránsito a través de la vida: el nacimiento, la pubertad, el matrimonio, la muerte, etc, y todas ellas suelen advocar a distintas divinidades en cada uno de estos momentos. Sin embargo, las religiones escritas someten a estas divinidades a un mandato superior que es el del Dios único. De hecho, son las religiones que se fijan en un Libro Santo las que llegan al monoteísmo y además son proselitistas, es decir, tienen una fuerza de expansión de la que carecen las religiones orales.
Goody sugiere, que la escritura posibilitó a esas religiones el registro de los bienes y con ello el cálculo; y es en ellas donde aparece la moneda y las operaciones protocapitalistas.
En el ámbito de la regulación social con la escritura se establecen leyes universales, a diferencia de las normas orales que requieren del contexto para adquirir obligatoriedad. Tal es el caso de los refranes. En otras palabras, la escritura entendida en sentido amplio es decir, incluyendo en ella todos los elementos icónicos, es producto y a la vez produce dos efectos poderosos: la autonomía relativa del universo representado y de su campo de acción y la capacidad de hacer explícitas algunas contradicciones y de esta manera superarlas.
Por su parte, la reflexión oral tiene menos posibilidades de deslindarse del contexto donde se produce por que no se manifiesta en un medio independiente de la misma situación.
El quiebre de la palabra democrática
Los poderes de la escritura se potenciaron con la invención de la imprenta que permitió la circulación de las ideas en las incipientes democracias parlamentarias. A partir de entonces, la palabra escrita fue un medio de comunicación funadamental para los avances científicos y tecnológicos convirtiendose en el medio por excelencia para alcanzar el progreso y la justicia entre los hombres.
Habermas explica el nacimiento de la industria editorial y de la prensa periódica por la inicativa de los pensadores de la ilustración que a través de la escritura aspiraban a la educación universal por medio de la cual se desterrarían las falsas creencias. Sin embargo, desde finales del siglo pasado la prensa de opinión da un vuelco al ser financiada por intereses comerciales.
Los nuevos medios de comunicación: fotografía, cine, radio nacen marcados por estos intereses. Estos medios incluyen de una u otra manera la expresión escrita, la oral y la icónica convirtiéndose en medios masivos de comunicación y apartandose justamente de la escritura pura y reservada para las élites intelectuales. La oralidad de los medios audiovisuales es engañosa por que se trata de una reproducción aislada del contexto del oyente y deformada en el sentido de privilegiar ciertos elementos de la escena sonora y anular otros. En todo caso, cabe insistir en que las tecnologías de comunicación cada vez son más numerosas, cada vez permiten un mayor intercambio entre personas alejadas en el tiempo y en el espacio.
Ninguna de estas tecnologías anula a las anteriores; más bien las reacomoda en el nuevo medio y las distribuye selectivamente entre los consumidores.
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