En la actualidad,
a la pregunta clásica ¿de qué hablamos cuando hablamos
de comunicación? (Bisbal, s/f: 81), habría que añadirle
¿a qué nos referimos cuando nos referimos a los medios de
comunicación?, debido al surgimiento de nuevos medios, entre los
cuales se cuentan las redes telemáticas.
La utilización
de las nuevas tecnologías de la información y la comunicación
(TIC) ha abierto el paso a la denominación red telemática
para aludir al "tejido" o medio que la soporta: el de la informática (almacenaje y procesamiento) y las telecomunicaciones (transporte).
Aunque en
la práctica no se puede separar el proceso de tratar y difundir
la información, existen dos espacios en los cuales estas tecnologías
tienen su aplicación. El primero, cuando una persona trata información
y conocimiento en el ámbito individual, sin interacción,
y el segundo, cuando ésta se relaciona con otro actor.
El primer
espacio es el de la informática y el segundo es el de la telemática
(palabra derivada de la contracción de telecomunicaciones e informática),
definida como "una amplia telaraña electrónica formada
por computadoras conectadas en redes que tiene a la información
como el elemento principal de su actividad, la cual transporta de manera
económica y multiescalonada, ofreciendo al usuario un uso interactivo
al integrar espacio y tiempo" (Cartier, 1992: 121) y que se ha convertido
en un nuevo medio de comunicación.
Los medios
telemáticos se distinguen de los anteriores porque además
de que "la interconexión de todas las redes significa la aparición
de nuevas formas de transmisión y de intercambio de información
(...) estos permiten el acceso a un tipo de información antes no
vehiculizado por medio masivo alguno (la información-conocimiento
o información-saber), disponible en los bancos de datos interconectados"
(Pineda, 1996: 63).
La integración
del computador, las telecomunicaciones y los sistemas audio-visuales se
considera "el pilar fundamental de una nueva revolución, denominada
la revolución del conocimiento, porque está generando transformaciones
en los paradigmas convencionales de enseñanza-aprendizaje, trabajo
y comunicación" (Montilva, 1995: 1).
En tal sentido,
el concepto de red telemática no se ha mantenido imperturbable.
Actualmente se observa la tendencia a equipararlo con el de comunicación
mediante computadoras (CMC) "con lo cual se enfatiza que lo fundamental
es la aplica ción de la herramienta para la comunicación"
(Pimienta y Liendo, 1993: 79), puesto que el concepto designa al "uso
de conexiones directas o remotas entre computadoras para facilitar la
comunicación entre personas distantes" . (Chacón, 1994:
101). (Las negritas son nuestras).
Como ya
hemos señalado, las TIC han permitido el desarrollo de nuevos medios
de comunicación que se distinguen principalmente de los anteriores
porque son multimedia, hiperaccesibles, teleinformáticos e instantáneos.
Pero quizá la característica más relevante de todas es que la tecnología telemática abre la posibilidad de la interactividad, que ha sido definida como "la capacidad que tienen los usuarios de ser productores/consumidores de información y contenido" (December, 1998: 3)
Pero quizá la característica más relevante de todas es que la tecnología telemática abre la posibilidad de la interactividad, que ha sido definida como "la capacidad que tienen los usuarios de ser productores/consumidores de información y contenido" (December, 1998: 3)
Gracias
a las potencialidades interactivas de los medios telemáticos, en
la actualidad es posible hablar de un receptor con facultades emisoras,
base del paradigma de comunicación dialógica que revaloriza,
justamente, las posibilida des discentes de los destinatarios.
Esta situación,
impensable antes de la aparición de esta tecnología, implica
la posibilidad de hacer valer, con un medio extraordinariamente poderoso
de almacenamiento y transmisión, la noción de comunicación
que supone un real intercambio (diálogo) entre emisores y receptores.
Ya el ansiado emirec (amalgama de emisor-receptor), utópica postulación
teórica del canadiense Jean Cloutier en la década del setenta,
es posible, al menos, técnicamente hablando.
El cambio
que se opera frente al modelo comunicacional, de "uno que emite para
muchos", como la TV, a otro que implica la existencia de comunicaciones
"uno a uno", (como el correo electrónico, los modos de
conversación o "talk"), de "muchos a muchos"
(como las listas de discusión, las conferencias electrónicas
y los cuartos virtuales de conversación o "chats"), de
"uno a muchos" (como las teleconferencias y revistas electrónicas)
y sistemas de difusión d e información sencillos y económicos,
como el WWW, podría generar mayores cuotas de participación
para los, hasta ahora, pasivos receptores.
Pero si
cuando hablamos de interactividad nos referimos a la posibilidad del intercambio
de roles entre emisores y receptores, cabe preguntarse si los usuarios
están explotando esta alternativa, si se está operando este
cambio, o si, por el contrario, los nuevos medios se siguen usando como
los tradicionales, vale decir como aparatos que sólo permiten un
flujo unidireccional de la información.
La realidad
nos dice que, a pesar de que "la riqueza de las TIC radica en la
posibilidad de incorporar contenidos, lamentablemente el tráfico
Sur-Norte sigue siendo altamente desigual: exceso de consumo y muy baja
producción".(Piscitelli, 19 98: 6),
Al respecto,
llama la atención el hecho de que sólo un estimado del 5
al 10 por ciento del contenido de Internet sea de origen asiático,
cuando esta población representa casi la mitad de la población
mundial. (Uimonen, 1 997:11)
En el ámbito
académico, donde las redes han tenido gran difusión, la
situación no es distinta, pues "se observa una muy baja oferta
de información por parte de las instituciones que, por su misma
naturaleza, son grandes productoras de información y de conocimientos".
(Reacciun, 1998a)
Indagar
sobre los factores que determinan estos hechos nos lleva a revisar algunos
planteamientos teóricos.
La Teoría
de la Comunicación, la Interactividad y los Factores Condicionantes
Los profundos
cambios de todo orden (económicos, políticos, sociales y
culturales) que se están manifestando a finales de este siglo han
generado una incertidumbre que recorre todos los campos de las ciencias
sociales de la cual no es capa la comunicación, un fenómeno
que ha sido descrito de disímiles y variadas maneras.
Pero desde
su surgimiento en las primeras décadas de este siglo, la llamada
Teoría de la Comunicación, construida con los aportes de
la psicología, sociología, lingüística, ingeniería
y otras disciplinas, estuvo siempre ligada a los medios que la soportan.
Desde que
Lasswell en 1930, conjuntamente con Lazarfeld y Hovland, esquematizaron
el llamado "proceso de la comunicación", mediante un
diagrama en el que se enfatiza el quién dice qué por qué
canal a quién con qué efectos, el proceso se vincula indefectiblemente
al medio o canal que permite al emisor dirigirse, simultáneamente,
a un gran número de destinatarios, surgiendo lo que se conoce como
corriente funcionali sta de la investigación de la comunicación
(Mass Communication Research) representada también por autores
como Lazarfeld, Merton y Schramm (Moragas, 1981).
El periódico,
la radio, la TV, el cine, la publicidad, son, entonces, los medios que
vehiculizan la "comunicación" de masas, cuyos paradigmas
o modelos son la expresión de una investigación de la comunicación
que preten de constituirse a sí misma como una ciencia autónoma
y que contempla su objeto de estudio como una realidad aislable del contexto
social.
En 1960,
los cambios políticos que se operan en Latinoamérica impactan
los planteamientos académicos y la Mass Communication Research
comienza a ser cuestionada por una serie de investigadores que, con base
en la sociología cr& iacute;tica de la Escuela de Frankfurt,
representada por Adorno, Horkheimer y Marcuse, aportan una nueva visión
del papel de los medios en la los países subdesarrollados o del
Tercer Mundo.
Estos autores,
entre los que destacan Beltrán, Mattelart, Pasquali y Verón,
dotan de finalidad política a sus investigaciones al cuestionar
"tanto el concepto de comunicación aceptado hasta el momento,
como las funciones y ob jetivos que ésta debe cumplir dentro de
la sociedad" (Aguirre y Bisbal, 1981: 29).
En sus análisis,
si bien aceptan que los medios son parte esencial del proceso comunicacional,
coinciden en considerar a la comunicación como una actividad humana
fundamental a través de la cual los seres humanos se relacionan
entre sí y pasan de la existencia individual a la comunitaria,
por lo cual ponen su acento en el proceso de comunicación como
un acontecimiento personal y social y en el hombre como protagonista de
éste.
Por ello,
al estudiar la comunicación tomando en cuenta que es un proceso
vinculado con el contexto social y cultural, la teoría crítica
de la comunicación propone el rescate de la noción dialógica
y la reconsider ación del rol de uno de los elementos claves de
la relación: el receptor o destinatario cuya participación
en los medios masivos clásicos aparece poco menos que anulada.
De ella
se desprende el modelo de comunicación dialógica, horizontal
o participativa, que se rebela contra los paradigmas funcionalistas que
establecen un emisor que habla y un receptor que simplemente escucha o
responde a estímulos p reestablecidos; en contraste, plantea que
la comunicación constituye un proceso en el cual "dos o más
seres o comunidades humanas intercambian y comparten experiencias, conocimientos
y sentimientos, aunque sea a distancia y a travé ;s de medios artificiales"
(Kaplún, 1985:68). (El subrayado es nuestro).
Y una comunicación
de tal tipo sólo será tal (Habermas, 1981: 171) "cuando
exista para los participantes una distribución simétrica
de oportunidades (...) vale decir, igualdad efectiva de oportunidades
para asumir roles de diálogo", el cual, para el filósofo
alemán heredero del pensamiento crítico de la Escuela de
Frankfurt, es "nada menos que tomar decisiones conjuntamente"
(citado por Pasquali, 1998: 43)
Por lo tanto,
en esta época signada por la invención de modernos artefactos,
las condiciones para una comunicación ideal se vinculan con la
problemática relativa a la posesión y uso de los medios,
pues "el flujo y al macenamiento de mensajes dependen de una tecnología
tan compleja y costosa que multiplica los desequilibrios entre comunicadores
fuertes y débiles" (Pasquali, 1979: 11).
Refiriéndose
a los medios teleinformáticos, Melnick (1997: 2) destaca que en
llamada superautopista informativa no circulan todos, sino elites, pues
la disparidad que existe en nuestro mundo se reproduce en ella, por lo
cual es posible afirmar que la posibilidad de recibir información
a través de Internet y, mucho más, la viabilidad de colocar
contenido en las redes mundiales es uno de los elementos que diferencian
a ricos y pobres.
Al respecto,
dice Pasquali: "la supuesta abundancia de aparatos concierne casi
exclusivamente a la función acceso (recepción) a los mensajes
ajenos, y casi en nada a la participación (emisión) en la
producción y emisi&oa cute;n de mensajes propios; y segundo,
porque, aún en equipos de acceso o receptores, el 20% rico de la
humanidad ha conservado con creces sus distancias del 80% pobre"
(1998:178).
Los factores
que limitan el acceso de grandes mayorías son, en entre otros,
la carencia de una infraestructura básica de telecomunicaciones,
el bajo porcentaje de líneas telefónicas por habitante,
la poca cantidad de computado ras per cápita, las altas tarifas,
un ámbito jurídico favorable a los monopolios y la inexistencia
de subvenciones que favorezcan un acceso equitativo de todos los sectores
de la población (Reacciun, 1998 b).
Los siguientes
datos soportan esas afirmaciones:
"Tres
cuartas partes de las líneas telefónicas existentes a escala
mundial se encuentran en ocho países industrializados. Alrededor
del 80 por ciento de la población mundial no ha tenido nunca acceso
a una línea telef&oa cute;nica. En China e India, con una población
de más de 2 billones de personas, aproximadamente el 40 % de la
población mundial, sólo dos de cada 100 personas (1) tienen
acceso a una línea telefónica para una tel edensidad de
2. Estados Unidos, por contraste, tiene una teledensidad de 64 y Suecia
de 68" (Panos, 1997: 2)
Por otra
parte, el poco porcentaje de líneas telefónicas disponibles
en los países con menores índices de desarrollo está
concentrado en las áreas urbanas más pobladas, cuando se
estima que "63% de la pobla ción de los países en vía
de desarrollo viven en zonas rurales y que este grupo representa el 49%
de la población mundial" (Panos, 1998:5).
En cuanto
a los "hosts" o computadoras anfitrionas que entrelazan a Internet,
en 1997 se estimaba que de 6,6 millones, apenas 28 mil se encuentran en
América Central, del Sur y el Caribe; es decir, menos del 0,6%.
Mientras que en Norteam&eacut e;rica (incluyendo a México)
tenía unos 4,5 millones y Europa occidental 1,5 millones (Trejo,
1996).
El costo
que el equipamiento es otro factor que debe analizarse. El costo promedio
de una PC y un modem, aproximadamente unos 1500 US$, es algo inalcanzable
para la mayoría de la población de los países subdesarrollados,
con un ingres o nacional per cápita promedio de 1200 US$, mientras
que el de los países del primer mundo se ubica en unos 22.500 US$.
(PNUD, 1996)
Por otro
lado, la infraestructura de las telecomunicaciones revela que las conexiones
entre ciudades del mismo país y entre países limítrofes
son pobres o inexistentes, mientras las que se establecen con los países
centro se en cuentran mejor desarrolladas.
Y si analizamos
las tarifas, las diferencias entre los países de mayores y menores
índices de desarrollo también se encuentran presentes. Un
Proveedor de Servicio de Internet (PSI) que quiera "alquilar"
una línea de alta capaci dad tiene que pagar 3800 US$ anualmente
en Estados Unidos, mientras que en Argentina, por ejemplo, el mismo servicio
cuesta unos 180.000 US$. (Panos, 1998:9).
El costo
promedio de una cuenta de acceso ilimitado a Internet en Estados Unidos
es de aproximadamente unos 15 US$ mensuales, mientras que en países
como el nuestro, esta asciende a unos 52 US$, sin tomar en cuenta los
costos inherentes a la llamada telefónica que, según cálculos
propios, realizados con base en la tarifa más reducida (01-01-99)
de Bs. 13,26 por minuto, alcanzarían mensualmente, por una hora
diaria de conexión, los 41,87 US$, calculados a u na tasa de cambio
de Bs. 570 por US$.
Sobre este
punto, vale la pena resaltar que "en América Latina el costo
del servicio telefónico cuesta más del triple que en EEUU(...)
y
En cuanto
a la distribución mundial de los usuarios, Pasquali (1998: 203)
apunta que éstos "viven 81,70 % en el Hemisferio Norte y 18,30%
en el Hemisferio Sur"
Un estudio
realizado entre los usuarios de la Universidad de los Andes (Urribarrí,
1999) revela que menos de la cuarta parte de los profesores usan la red
con relativa frecuencia (semanal) y que la mayoría de éstos
señala el li mitado acceso directo, o las posibilidades de conexión
remota a través del modem (línea telefónica), como
el mayor obstáculo para el uso y aprovechamiento de los recursos
disponibles en la red. Igualmente evidencia que e l rol del usuario es
principalmente el de receptor y/o consumidor de información.
Aunque parezca
una obviedad, hay que recalcar que la disparidad de los recursos se refleja
en la investigación científica que se realiza en los países
desarrollados y en los del Tercer Mundo. Como bien advierte Trejo (1996)
"los nuevo s recursos tecnológicos tienden a acentuar las
diferencias que ya existen en el desarrollo y creación de conocimiento"
Dave Wilson,
de la Universidad Rhodes, de Sudáfrica, lo expresa de esta manera:
"las diferencias en el acceso pueden ser ilustradas comparando un
investigador estadounidense conectado directamente a una red de alta velocidad,
a otro de África que puede conectarse a una velocidad de 200 caracteres
por segundo a través de una línea telefónica analógica:
al primero le tomará pocos segundos, y a muy bajo costo, transferir
a su computadora, de una base de dato s, un extenso artículo, mientras
que al segundo le tomará unos 10 minutos a costos de llamada internacional".
(Panos, 1995: 7)
Estas cifras
y consideraciones sin lugar a dudas nos obligan a ubicar a la comunicación
como parte fundamental de la estructura económico-social, sobre
todo a partir de 1998, cuando la organización Mundial del Comercio
(OMC), orga nización que controla más del 80% del tráfico
mundial de telecomunicaciones, decretó la liberalización
de las telecomunicaciones, como ingrediente fundamental para la ampliación
y consolidación de un merca do que representa unos 600 millardos
de dólares - dominado por EEUU en un 30 por ciento - y cuyo paradigma
reside, fundamentalmente, en la red de redes, como nuevo medio de comunicación
global. Cabe resaltar, además, que "el acuerdo d e la OMC
incluye toda la telefonía, transmisión de data y servicios
satelitales". (Panos, 1998:13)
Las consecuencias
de estos acuerdos apuntan hacia la exacerbación de los monopolios
y ya existen estudios comparativos que demuestran la presencia de "una
relación causa efecto entre la existencia de estos monopolios y
las fallas de servicio, altos precios y la consolidación de la
infraestructura en zonas geográficas donde se concentran las poblaciones
de mayores recursos" (Carty, 1997:15).
el estudio de los medios desde la perspectiva de los usuarios es
una necesidad que comienza a plantearse, a partir de la existencia de
los medios telemáticos que permiten que las audiencias se conviertan
en creadoras de contenido (De rvin, citado por Rojo, 1995: 11).
La Vigencia
de una Teoría "Vieja"
El usuario,
no obstante, no es un ser aislado. Es un ser humano con características
biopsicosociales definidas, pero también es un ser social que participa
en un proceso comunicacional en el cual el elemento "medio"
es, cada vez má s, en función de los cambios tecnológicos,
un factor estratégico.
En consecuencia,
las opciones de análisis que provee la teoría crítica
se mantienen vigentes y quizás cobren mayor relevancia si tomamos
en cuenta que "los efectos o impacto de los cambios tecnológicos
implican la evaluación de las infraestructuras materiales y sociales
que crean las tecnologías específicas para la actividad
de nuestras vidas" (Winner, 1979: 73, citado por Lander, 1994: 154)
En este
sentido, la comunicación es, en esencia, un problema económico
y político (Beth y Pross, 1990: 176) ya que se relaciona con la
disponibilidad y al acceso de medios materiales mediante los cuales se
emite o recibe informaci& oacute;n, lo cual remite al problema de
la justicia distributiva e igualitaria. Y la tecnología "no
corre en un vacío social y no modifica la cultura sin ser ella
misma profundamente rediseñada por el mundo que contribuye a crear"
(Wi nner, 1979:87).
Las carencias
informacionales y las desventajas comunicativas no son sino consecuencia
de disparidades sociales con causas históricas, políticas,
económicas, geoestratégicas, incluso. La pobreza no es resultado
de la disparidad en el acceso a la información, sino todo lo contrario.
Las redes
telemáticas, como medio "tecnológico material",
susceptible de posesión y uso, podríamos afirmar entonces,
no escapan de las consideraciones de tipo económico, político
y social, referidas a la capacid ad de acceso y participación de
los usuarios, a las cuales alude la teoría crítica de la
comunicación.
Como lo
advierte Antonio Pasquali (1998: 286) "ya el entero bagaje semántico
conceptual que caracterizó las diatribas de los años 50-80
sobre los Medios de Comunicación Masivos (MCM) ha quedado transferido
al terreno de Interne t (...) Habrá cambio de actores, pero se
descubrirá que los viejos críticos de los MCM `no dejaban
de tener razón`".
Los Aportes
de Antonio Pasquali
Pasquali
define como emisor al productor humano de mensajes destinados a uno o
"n" perceptores. "En una auténtica relación
de comunicación todo emisor puede ser perceptor y todo perceptor
puede ser emisor, en condiciones de reciproci dad igualitaria o biunívoca"
(p. 53).
El perceptor
es quien descodifica y comprende el mensaje que le ha sido presentado
por el emisor, para lo cual debe estar en capacidad de elegir o de acceder
a los canales artificiales donde se presentan los mensajes, interpretar
el código natural en el cual se cifró el mensaje, comprender
el mensaje y emitir un respuesta que será cifrada en principio
en un código natural y luego, si el acceso es posible, será
vehiculizada a través de un canal artificial.
En tal sentido,
el autor señala que el término comunicación "debe
reservarse a la interrelación humana, al intercambio de mensajes
entre humanos, sean cuales fueren los aparatos intermediarios utilizados
para facilitar la inte rrelación a distancia". (p.37)
Entendiendo
la comunicación como un factor esencial de sociabilidad y como
un elemento estructural de la sociedad, Pasquali sostiene que "toda
modificación o control de las comunicaciones revierte en una modificación
o control de la sociedad" (p:42).
El investigador
se vale de la lingüística para resaltar que el término
griego "koinoonía" significa a la vez comunidad y comunicación
y que el radical comun también es compartido por ambos térm
inos, lo cual indica la estrecha inhereencia siempre establecida entre
comunicarse y estar en comunidad, dependiendo lo último de la capacidad
del emisor y del modo, forma y condiciones de lo primero.
Definida
la comunidad como "una acción recíproca entre agente
y paciente", sólo existirá una verdadera comunicación
en aquella relación en que "cada interlocutor habla y es escuchado,
recibe y emite en condiciones de igualdad". (p. 47).
En cuanto
a los aparatos, refiriéndose por supuesto a los medios anteriores
a la invención telemática, Pasquali afirma que por razones
técnicas y de uso político-ideológico impiden una
acción recíproca entre agente y paciente puesto que "funcionan
de hecho como diodos que sólo permiten el paso de los electrones
en un sentido" (p. 48).
Aunque pudiera
pensarse que sus apreciaciones podrían ser rebatidas a la luz de
los nuevos desarrollos tecnocomunicacionales, que permiten la bidireccionalidad
en el flujo de los mensajes, con la pregunta "¿Es posible
la participación d el perceptor?", el teórico ubica
lo medular del problema ético de las comunicaciones, más
allá de las características técnicas del medio, para
acercarlo a las nociones de acceso, uso y participación c ondicionadas
por factores económico-políticos. (Las negritas son nuestras).
La reconstrucción
de la dignidad del perceptor - subraya - "pasa por la operación
de restituirle su capacidad interlocutora, por convertirlo en participante
inter-locutor" (p.138). Para que un ser humano participe de una verdadera
relaci& oacute;n de comunicación debe, a juicio del autor,
estar en la posibilidad de: elegir libremente la posibilidad de ser perceptor,
"sin verse obligado a serlo por imposibilidad de emitir"; decidir
libremente la sintonización de los mensajes, es decir, disfrutar
de acceso; descifrar los mensajes, comprenderlos y "asumir el rol
de emisor cada vez que lo considere pertinente" (p. 140).
De acuerdo
con este esquema, una relación de comunicación degradada
es aquella en la que el perceptor se encuentra limitado en su capacidad
emisora (con un bajo coeficiente de participación) y se ve obligado
a sintonizar el mensaje impuesto por el emisor sin alternativas, debido
a que tiene un "bajo coeficiente de acceso".
Nuevamente
en este punto podría pensarse que los aportes del autor venezolano
no contribuyen con la explicación del fenómeno telemático,
puesto que se refiere al acceso a los mensajes y no a los medios, pero
la definició ;n que aporta de los términos acceso y participación
despejan las dudas.
Acceso,
para Pasquali, es: "la capacidad de acceder a o de utilizar libremente,
en calidad de receptores, todas las fuentes y canales de envío,
sin restricciones de ninguna especie y en condiciones de absoluta igualdad"
(p.140). Participació n, por su parte, es "la capacidad de
utilizar en calidad de creadores y emisores de mensajes todas las fuentes
y canales de emisión, sin restricciones de ninguna especie y en
condiciones de absoluta igualdad" (p. 141).
El investigador
considera estos postulados como utópicos de aplicar en esta época
de alta tecnología debido, principalmente, a que la degradación
del perceptor comienza por el "acceso negado y la existencia de relacio
nes pendulares entre acceso y participación" (p.141). (El
subrayado y las negritas son nuestros).
En tal sentido,
Pasquali señala que los factores que dificultan la participación
en los procesos de comunicación se relacionan 1) con una intrínseca
dificultad tecnológico-social que tiende a hacer la recepción
ca da vez más sencilla y menos costosa, frente a la complejidad
y altos costos de la producción lo que conlleva a la institucionalización
de los oligopolios de emisión y 2) con una extrínseca dificultad
económico-polìtica expresada en altos costos tecnológicos
que crean "una casta de ciudadanos más libres que otros"
para comunicarse. (p. 142).
En consecuencia,
al indagar sobre el rol de los usuarios y los factores que inhiben el
aprovechamiento de las redes telemáticas, concebidas como un medio
de comunicación, podemos afirmar que los postulados de la teoría
crítica de la comunicación, en general, y las apreciaciones
de Antonio Pasquali, en particular, aún se mantienen vigentes y
nos proveen de un marco de referencia adecuado para ubicar las causas
que limitan su acceso y participación.
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L. (1979). Tecnología Autónoma. La técnica incontrolada
como objeto del pensamiento político. Barcelona: Gustavo Gili.
Raisa
Urribarrí | Universidad
del Zulia, Venezuela
Este articulo
se publico en la revista Comunicación No. 106. Caracas: Centro
Gumilla, 1999.


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